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Jueves, 05 Mayo 2016 19:14

Basta de soñar, llegó el momento

Escrito por 

FÚTBOL. GODOY CRUZ. Restan tres fechas para conocer los finalistas del torneo de Primera y el Expreso lucha mano a mano con San Lorenzo para quedarse con el cetro de la zona 1. Tomba, basta de soñar, es hora de pegar el salto.

“Se nota que no conviene que Godoy Cruz salga campeón”. Diego Villar inmortalizó esa frase un 20 de mayo de 2011, cuando el Tomba, comandado por Jorge Da Silva, empató 1-1 como visitante ante Banfield por la fecha 15 del Torneo Clausura ¿Por qué semejante rabia? Aquella noche, el árbitro del encuentro, Saúl Laverni, pasó el límite del escándalo y el bochorno, luego de no cobrarle un gol clarísimo al Pipa (la pelota pegó en el travesaño e ingresó completita) y un penal contra Navarro. En aquel entonces, el Expreso peleaba la punta del Clausura junto a Vélez, quien finalmente se coronó campeón.

Desde ese lóbrego viernes, ya nada pasa desapercibido para Godoy Cruz. Aquello se convirtió, para siempre, en una marca indeleble para el pueblo bodeguero. No es casual el temor que experimentan los hinchas al verse en los puestos de vanguardia. Y el diagnóstico se exacerba cuando pujan por el primer lugar con un enviado especial del unitarismo porteño: San Lorenzo.

De la mano de Omar Asad, primero (Clausura 2010); y bajo el mando del Polilla Da Silva después (Clausura 2011), el Tomba intentó colarse en la mesa grande del fútbol argentino para comerles la entrada, el primer plato y el postre a la aristocracia afista. En sendos casos, el Expreso alcanzó la tercera posición. No pudo empacharse de manjares, pero, por lo menos, ya había empezado a incomodar a los de allá con su clasificación a dos Copas Libertadores y a la misma cantidad de Copas Sudamericanas.

Esas campañas que encontraron su base en la osadía, permitieron que floreciera cierto reconocimiento y prestigio. Sin embargo, se sucedieron nombres propios en la dirección técnica que no lograron actuaciones sobresalientes. Nery Pumpido, Omar Asad (de nuevo) y Martín Palermo quedaron en la estadística del club.

Luego de un largo tiempo repleto de tribulaciones, llegó Jorge Almirón. El DT abandonó México para aterrizar en la Bodega. El equipo se torturaba en el descenso y él, los redimió del dolor. Pero el júbilo iba a evaporarse vertiginosamente porque Jorge agarró los bártulos y se mandó a mudar.

Godoy Cruz continuó con su política de precios cuidados: contratación de jugadores ignotos para el común de la gente y entrenadores jóvenes con un genoma futbolístico ofensivo. Así desembarcaron Carlos Mayor, Gabriel Heinze y, como no podía ser de otra manera, Daniel “el Bombero” Oldrá. Sí, Bombero. Se encargó de apagar unos cuantos incendios ¿No? Pero transitaron sin pena ni gloria. O con más pena que gloria.

Con estos tres técnicos, el Tomba finalizó el Torneo Transición 2014 en el 16° puesto con 21 puntos y el Torneo 2015 (30 equipos) en la 22° posición con 32 unidades. El fútbol se valora en juego pero se mide en goles y resultados, por eso, los entrenadores anteriormente nombrados debieron marcharse.

El plantel había quedado huérfano. El pueblo tombino estaba afligido y desolado, hasta que un Gallego emigró de su tierra y se afincó en un barrio teñido de azul y blanco. Vino a calmar esa angustia y a profesar su doctrina: ganar, en donde sea y como sea. Sebastián Méndez se hizo cargo de un equipo asediado por las penurias y lo transformó. Pasó del bajo perfil al rating minuto a minuto.

En la tercera fecha del actual campeonato venció como visitante a River (2-1). Ese primer beso fue el preludio de un gran amor. Ahí se comenzó a forjar un grupo de ilusionistas.

En el arco se atornilló Rodrigo, el Rey del castillo y de las alturas. En la zaga central tenés a Diego Viera y Danilo Ortiz, dos paraguayos que siguen a rajatablas su política de Estado: cabecear, despejar y respirar nucas; más guaraní que el tereré En los flancos derecho e izquierdo te encontrás con Luciano Abecasis y Lucas Ceballos, dos velocistas que se especializan en los 100 metros llanos. En el círculo central figura Fernando Godoy, un mastín guardián, obediente hasta el final.

Cuando sea grande quiero jugar como Fernando Zuqui. El capitán es Robin Hood: le roba las pelotas a los que atacan para ayudar a los demás. Por otra parte, aparece Facundo Silva. El Pelado transforma la historia. Cuando todos bailan un tango, él se cruza al rock y el resto pasan a ser testimoniales del talento. Es un rockstar con canilleras.

También juega Guillermo Pol Fernández, quien se viste de camarero para servirles los goles en bandeja a Jaime Ayoví y a Santiago García. El ecuatoriano gasta botines, redes y gargantas. Mientras que en el uruguayo conviven el goleador y la bestia competitiva. Sería injusto de mi parte ignorar a David Ramírez, el Mago, el último romántico que, con la 10, danza siempre con su mujer. Tampoco olvidar a los suplentes, centinelas del sueño y la ilusión.

Este es el equipo del Gallego, que no padece vértigo al asomarse al precipicio, sino que disfruta ver el vacío. El miedo se lo llevaron a diciembre, a marzo y al infierno. No le incomoda entrar en el juego del palo por palo, ni agazaparse cuando la mano viene jodida.

Hoy, Tomba tenés una nueva tarjeta de invitación para colarte en la mesa grande del fútbol argentino. Aquella vez no pudiste comer, ahora sacate el hambre. Los de allá están nerviosos e incómodos. No te reconocen. No les gusta. No les conviene. Se les escapa el furcio: “San Lorenzo puntero”, “Godoy Cruz no afloja”, “Qué lindo un San Lorenzo-Lanús en cancha de Vélez”.

Es momento de otorgarle el apellido a la victoria y dejar huérfana a la derrota. Por eso, basta de soñar. Llegó el momento de darles el golpe a los poderosos de allá, para que aquella frase de Diego Villar: “Se nota que no conviene que Godoy Cruz salga campeón”, no se repita nunca más…

 

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