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Viernes, 03 Junio 2016 12:45

Los eternos campeones

Escrito por 

FUTSAL. Mendoza se consagró bicampeón nacional y las repercusiones no cesan. En esta nota vuelco las sensaciones que me generó dicho logro.

Año 2013. Comenzaban mis primeros pasos en el periodismo. La profesión decidió cruzarme con un deporte que desconocía. Por suerte encontré personas cordiales que, además de tenderme una mano, hacen de la difusión del futsal una religión. Aman este juego, trabajan a destajo para verlo crecer. Hasta el día de hoy se los observa aferrados a su adorado pasatiempo.

En ese contexto, emprendí el recorrido por varias canchas, comencé a fijar en mi memoria ciertos nombres y asistí a algunos torneos. El que más recuerdo es el Sudamericano de clubes que coronó a Andes Talleres. Pero, a partir de allí, me separé del auténtico futsal.

La semana pasada, y tres años después de aquel alejamiento, sonó mi celular. Un colega me preguntó: “¿Querés cubrir el Argentino de Selecciones?”. Un viejo recuerdo tocaba mi puerta. Acepté. Otra vez visitaría el Salvador Bonanno.

El torneo inició y Mendoza consiguió clasificar en el grupo de la muerte. En semis ganó y eso no generaba sorpresa, era moneda “Corrientes”. En la final se encontró, cara a cara, con otro peso pesado: Ushuaia. Sin embargo, nadie pudo con la bestia. Corvalán fue Armando el monstruo que, finalmente, se consagraría bicampeón.

De la lista de jugadores que me habían entregado, muchos nombres me sonaban familiares. Por ejemplo: Federico Pérez, el ángel de la guarda del arco mendocino y argentino. Martínez, con la 2, el sereno del área propia pero que tiene gol. Cuando convierte hace bailar a los espectadores, al mejor estilo Rodrigo. Gonzalo Pires, el joystick humano, parece un jugador a control remoto. Con la 9 se mostraba Gastón, quien siempre compite a un nivel Alto y que tiene talento hasta para entrenar tenis de mesa. Convídame un poco de tu don, Gastón.

Otro estandarte era Nahuel, que le copa la Parada a cualquiera sin problemas. Ni que hablar de Koltes, el Diego de la selección, quien se disfrazó de barrilete cósmico para convertir los dos goles de la final.

Durante el torneo fue importante Jonathan, el Gallegos que anotó en varias ocasiones. El suyo es talento de importación. Gastón Fernández portó la casaca 8. La Gata llevó atada la pelota como si fuera un ovillo de lana, nadie se la sacó.

No hay que olvidarse de J.P.Giordanino que, si bien padeció un desgarró, sumó algunos minutos. Juan Pablo se caracteriza por subirse a la Moto para ayudar a arrancar al equipo cuando éste se queda sin empuje. Otro viejo conocido fue Martín Cusa, experiencia y calidad en un solo organismo.
Por último aparecían: Mauro Albertini, Agustín Cuel, Facundo Fornies, Agustín López y Gonzalo Aveiro, los soldados del sueño.

Esos fueron los apellidos que me hicieron vivir una nueva pero añeja experiencia. Lo olvidado se transformó en familiar. La mayoría de los jugadores que había visto en aquellas noches del 2013 ganaron de nuevo. Esta vez, y como de costumbre, pusieron a Mendoza en lo más alto. No se cansan de triunfar. Cada vez que retorno al salón, los muchachos están de fiesta, abrazados a las copas. No me debería asombrar porque son enormes. Los años transitaron pero su voracidad por la gloria no cambió. Por eso, esta editorial es para ellos, para los eternos campeones…

 

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